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Anécdotas propias, ajenas
y lemonesas ¡Sorpresas que da la
vida! Cosas que han sucedido a otros/as El
poder de las aulas... ¡Nueva! Un general estaba en el frente
de guerra en una batalla casi perdida. El resto de los oficiales de alta graduación
se acercaron para reunirse con él y decidir qué se podía hacer. El general daba
la contienda por terminada y lo explicó con una frase: “no es aquí donde se ganan
las batallas, sino en las escuelas” dando a entender que la educación tiene un
gran poder tanto en el enaltecimiento del patriotismo –quien crea en esas cosas-
como para la difusión de los valores éticos –esto último lo añado yo-. El
teletransporte ¡existe!... ¡Nueva! Esta es la historia un poco
triste de un amigo que tengo que, hace años, conoció a una chica y él pensaba
que aquello era una relación de pareja, pero no tenían el mismo objetivo. Ella
le dijo la mañana de un sábado cualquiera: “¿por qué no vamos a tal ciudad?”
y, aunque era una paliza de siete u ocho horas de coche, él aceptó. La sorpresa
llegó cuando, al entrar en el coche, él lo hizo lógicamente conduciendo su vehículo,
pero ella, le comentó que prefería ir detrás. Sacó de una bolsa una mantita y
se sumió desde el kilómetro de inicio hasta el final en un profundo sueño. Os
podéis imaginar a este colega conduciendo de modo aburrido hasta que llegaron.
Entonces, ella dijo: “¡vaya, ya hemos llegado, en un santiamén!” y es que, aunque
la postura de la chica era muy egoísta, sin saberlo, había inventado una variante
peculiar de teletransporte : ). Este tipo de viajes fueron frecuentes durante
unas semanas y siempre con la misma fórmula. Como podéis imaginar, este noviazgo
tan singular no duró mucho, por suerte para mi amigo. El
postre típico... Esta es una anécdota histórica que dicen que sucedió
al Papa Juan Pablo II en su primer viaje a España. Tras una comida, pidió a quienes
estaban con él que le trajeran el postre más típico que hay en España. Se pusieron
a pensar y le ofrecieron los que pensaron que eran los postres más típicos ¿torrijas?
No, no. ¿crema catalana? No, no. ¿arroz con leche? Nada. Ninguno era el postre
"más típico" que había en España. Tras un buen tiempo intentándolo, al final el
Papa dijo la respuesta: "De postre quiero una buena siesta española"...
Cuando los santos tomaban las calles Dicen que en la época franquista
en Béjar se sacaba mucho a los santos. Iban por las calles y, donde sabían que
vivía una persona enferma se paraban. El enfermo o enferma se ponía a gritar sus
dolores y todos rezaban con fruición. Muchos lloraban el sufrimiento ajeno. Una
vez pararon bajo una casa. Se oía a una señora muy mayor gritar todos sus achaques.
Los beatos venga a rezar, hasta que en un momento dado, la señora que en teoría
estaba enferma lanzó un curioso grito: ¡Viva la república! Despiste
curioso Esta historia le sucedió a Julietta, mi pareja, que a veces puede
llegar a ser casi tan despistada como yo. Ella tenía un examen de matemáticas.
Estaba todo preparado en la mesa: una hoja con las preguntas, unos folios, el
bolígrafo... Faltaba algo: echó mano del bolso y sacó la calculadora. Comenzó
a leer las preguntas y, llegado el momento de sacar unas cuentas y utilizar la
calculadora, se dio cuenta de que se había traido ¡el mando a distancia de la
tele! ¡Vaya susto!
Un amigo mío, me contó esta anécdota. Es un señor mayor que conozco y la
historia es de cuando él era un niño. Resulta que llegaba a su ciudad Franco.
Iba a haber un acto en un salón muy grande que estaba repleto de gente. Antes
de comenzar el acto, los niños, ya se sabe, iban por aquí y por allá. A un grupo
de ellos, se les ocurrió la idea de juguetear con unas cortinas muy amplias que
había dentrás de la tarima. Cuando, de pronto, se fijaron: detrás había veinte
o treinta guardiasciviles con sus ametralladoras preparadas. Los pequeños, como
os podéis imaginar, se pegaron un susto de muerte -nunca mejor dicho-...
No es lo mismo Una familia perdió a su abuelo y, como había sido su deseo
antes de morir, decidieron echar sus cenizas en el mar. Así es que fueron al lugar
indicado y procedieron a cumplir los últimos deseos de aquel señor. Sucedió que
unas semanas después, alguien llegó a su casa preguntando por ellos. Era la policía
muncipal de Benidorm. Una vez que confirmaron que eran los familiares del fallecido,
les hicieron unas preguntas: -¿Ustedes han echado al mar las cenizas de su
abuelo? -Sí, efectivamente, como había sido su deseo. -El único detalle
es que debían haber vertido las cenizas, no la urna entera que encontramos en
la playa... El fuego no sólo quema Un barco iba navegando
por el mar cuando, de pronto, comenzó un incendio. En seguida, dieron los preceptivos
avisos de urgencia y acudió una patrullera guardacostas. Cuando ya estaba cerca,
la patrullera puso en marcha sus bombas y apuntó las mangueras con el fin de apagar
el incendio con el agua del mar. En cuanto el agua alcanzó el barco se produjo
una explosión inenarrable, más grave que el propio incendio. Cuando terminaron
las investigaciones descubrieron que el barco transportaba Sodio, un elemento
químico que arde en contacto con el agua. Por eso los bomberos, antes de apagar
un incendio, investigan antes la naturaleza del fuego, ya que el agua no siempre
es el remedio más adecuado. Pronto
iré incorporando más anécdotas históricas como estas...
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