Soy un animal fantástico que existía hace mucho tiempo. Los humanos me tenían miedo, pensaban que era un ser terrible porque tenía una singular costumbre: bostezar.

Eran bostezos espléndidos y frecuentes, porque soy una gran dormilona y que, sin desearlo, iban acompañados de una gran llamarada de fuego y humo y que mis compañeros, los humanos, pensaban que eran horripilantes.

Cuando dejé de existir en la Tierra, me hicieron un regalo fantástico: formar parte del cielo en forma de constelación: la Constelación del Dragón que podréis ver en el verano, bordeando la Osa Menor.

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