Revista Cartas pero con precaución nº 4

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Estimado Ramiro,*

¿Cómo va todo por España? Me alegro de que todo vaya bonito. Sé que tienes problemas con lo de los papeles en la madre patria, pero, como decías en tu carta, ha habido varias oportunidades de entrar en el cupo y ¿quién sabe? si la próxima será la buena...

El motivo de esta carta no es otro que el de anunciarte una mala noticia. Horrible. Quizás vieras por televisión que se está atacando con modernos y sofisticados aviones los campos de coca de nuestra región. Se están acorralando como conejos a los del Frente, los terroristas que protegen los campos de la maldita planta que tantas desdichas traen a los campesinos de aquí que las cultivan y a las madres de todo el mundo que son víctimas de esa droga.

En la televisión salían esos fabulosos helicópteros de la muerte, con visión nocturna, con sus infrarrojos, tan poco selectivos. Se nos ve a todos como puntitos blancos, señores corriendo por entre los campos, evitando los caminos -ingenuos- para no ser vistos por los escuadrones traidos de norteamérica. En teoría era un ataque a los terroristas. Todos aquellos puntitos blancos debían serlo. Al día siguiente supimos que alguno había.
Claro, debía sonar la flauta con tal masacre. Se equivocaron con tu padre y con tu tío Enrique. No podrán protestar jamás. Ni jugar a las cartas, ni beber ron, ni gritar a tu madre para que ponga el noticiero. Veinte personas más de tu pueblo corrían esa noche, convirtiéndose en punto móvil para el escuadrón de helicópteros. Todo esto no sabemos cómo explicarlo. Ni a ti ni al resto de colombianos que buscáis algo de futuro en España y otros países. Seguro que por allá nadie sabe nada de todo esto. En la tele sólo se veían puntitos blancos, que en el acto eran juzgados como terroristas corriendo, guerrilleros sentenciados al instante y eliminados tecnológicamente.

Esta guerra no es selectiva, cualquier ser vivo puede morir y debéis saberlo. Que todos sepan lo que está pasando. Nadie puede detener esto pero que, al menos, tengamos la certeza de que alguien lo sabe, que somos campesinos de café, honrados que no queremos problemas y luchamos cada día por llegar al siguiente.Un abrazo desde tu tierra,

Humberto Macías

* Esta carta es ficticia y sus personajes, pero la situación es real y, de hecho pueden producirse en estos momentos en Colombia masacres de civiles sin identificar que corren en la noche huyendo de la certeza perfecta de la muerte.

Juan Navidad

Cinco

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